domingo, 26 de noviembre de 2017

¿Eres como la serpiente que entró al taller?

No soy whatsappero, pero me llegó esto y me gustó.

Una serpiente penetró en un taller de carpintería. Cuando resbaló, pasó por encima de una sierra y quedó ligeramente herida. De repente, se volvió y mordió la sierra, y mordiendo la sierra, ¡la serpiente quedó gravemente herida en la boca! 

Entonces, sin entender lo que estaba sucediendo y pensando que la sierra estaba atacándola a ella, decidió rodear la sierra para sofocarla con todo su cuerpo exprimiéndola con todas sus fuerzas, ¡pero terminó asesinándose por la sierra! 🐍🐍🐍🐍


  • A veces reaccionamos con ira para herir a aquellos que nos han perjudicado, pero después de todo nos damos cuenta de que nos estamos lastimando a nosotros mismos.
  • En la vida a veces es mejor ignorar situaciones, ignorar a las personas, ignorar sus comportamientos, ignorar sus palabras. 
  • A veces es mejor no reaccionar para no sufrir consecuencias que a veces pueden ser mortales o dañinas.
  • No dejes que el odio se apodere de tu vida porque el amor es más fuerte que cualquier cosa.
  • sabio y no permitas que el odio se apodere de ti...
  • No seas parte del problema, se parte de la solución, muchas veces ese problema nos puede matar por nuestra forma de actuar.

sábado, 25 de noviembre de 2017

The Good Doctor (serie TV 2017) —Lecciones de resiliencia

No me enganchan las series. Esta tampoco. Tan pronto descubro cuál es la fórmula y el nudo a resolver ya me aburre ver cómo va ocurriendo tal como esperaba. No obstante, esta entrada no va como crítica técnica o narrativa a la serie The Good Doctor, la cual es según he leído, una adaptación de una producción coreana.

Los flashbacks son un poco molestos porque explican demasiado. Menos mal que el personaje del doctor Glassman capturó mi atención. Me hizo preguntarme: ¿soy así? ¿Ayudo a los demás a ser resilientes? ¿De verdad?

Es que el personaje interpretado por Richard Schiff es de admirar. Ya es resaltante  que esté dispuesto a ayudar a alguien con autismo. Solemos alejarnos (o hasta rechazar) lo que no entendemos. Sobretodo en esta modernidad de redes sociales, likes y retweets. Todos queremos encajar en la sociedad. Bueno, unos más que otros.

Estaré muy pendiente del Dr. Aaron Glassman. Ojalá y no tenga una agenda oculta, pues sería refrescante un humano altruista y no tan ruin en una serie que persigue mostrarnos que todos encajamos. Me gusta cuando el Dr. Shawn Murphy (Freddy Highmore) le pide a la Dra. Claire Bwone (Antonia Thomas) que se comunique por él con los pacientes cuando teme cometer un error.

Hay muchas lecciones que aprender en esta serie.


  •  Reconocer los errores, 
  • estar dispuestos a ayudar,  guiando, sin imponer,
  • hacer nuestra parte,
  • no hacer mucho drama cuando hay un malentendido, sino seguir con lo sustantivo en mente, 
  • estar dispuestos a aprender de los demás y 
  • levantarse, siempre levantarse al nuevo día con una buena actitud de "saltar la cuerda" y activarnos para la vida.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Cómo mandar a mi jefe al carajo


¡ATENCIÓN! Esta NO es una apología a la vulgaridad.
Si no has leído el libro Como mandar a la gente al carajo! del psicólogo clínico César Landaeta H. te recomiendo que lo hagas. Es una muy buena obra para la salud mental, me atrevo a decir que más concreta que el clásico Evite ser manipulado de Wayne Dyer.

La intimidación es la clave del poder de muchos jefes, potenciada, claro está, por la actitud sumisa de los subordinados. La solución no es la rebelión. En todo caso, como señala Landaeta, "Pregúntese por su rol. ¿Es usted un subalterno incondicional, un esclavo sin derecho a pataleo, un miserable gusano no merecedor de respeto o consideración?" Si la respuesta es sí, usted está condenado. Si no, entonces hay que averiguar de dónde viene el temor que le inspira su jefe.

Ante las injusticias una clave es mirar a los ojos y usar un lenguaje corporal apropiado. Tampoco la idea es parecer un "gallito de pelea" y crear un ambiente conflictivo. No, se trata de trabajar en un entorno de madurez, donde la cuestión no es el organigrama de la empresa, sino el abuso de poder de un superior.

Landaeta indica que, "el verdadero poderoso sabe usar su poder y cuando lo usa uno lo sabe, porque generalmente no necesita amenazar, ni atropellar, ni recurrir a tramoyas o disfraces. (Y si no, pregúntele al Máximo Jefe allá arriba)." El autor aconseja respetarse a sí mismo y aprender a entenderse con el poder sin humillarse.

Hay muchos ejemplos de cómo mandar al jefe al carajo. Cuando el mío quiere lucirse delante de los demás tratándome como si fuese su servidumbre, suele responderle: "Estamos en un entorno profesional y no podría responderte profesionalmente delante de mis compañeros sin ocasionar un amotinamiento, de modo que por respeto al sistema, cualquier inquietud la podemos manejar usted y yo aparte." Claro, si parece que lo estoy apabullando, le digo "o tomándonos un café, claro, yo invito." A veces, los presentes suelen reaccionar riendo. Como ya tengo mi edad, con algunos jefes me pongo como a buscar algo perdido en el lugar y me preguntan, "¿qué buscas?" y respondo "estoy buscando la gerencia que está perdida, pero siempre encuentro es la soberbia." A veces, eso no calma los ánimos, pero al menos me contiene de estallar. Por supuesto, hay que tener cuidado, pues la lengua puede ser el explosivo más mortífero, cuya onda expansiva es proporcional a la "dulzura" del tono con el cual se emitan los "torpedos" léxicos.

En conclusión, "mandar al jefe al carajo" no es darle trompadas y graparle la renuncia en la frente. Los arrebatos le hacen más daño a usted que a él. Realmente se trata de no dejarse humillar ni alimentar el enfermizo abuso de poder de un jefe con dislexia de liderazgo. Si manejar la situación con asertividad y respeto no mejora su situación, entonces quien debe desplazarse a mejores aguas debe ser usted, a menos que desee aplicar para el cargo de su jefe. Usted decide. Lo que nunca, nunca, debe hacer es dejarse llevar a una relación de humillación que le marchite su vida profesional.
 


viernes, 17 de noviembre de 2017

Me quiero ir (de Venezuela)


Sin rodeos: si eres joven, ¡VETE!

En Venezuela no tendrás una vida mejor. Sin entrar en discusiones políticas o filosóficas de las cuales no se ocupa este sitio, podemos observar que la situación social de Venezuela se deteriora día a día. Si estás desesperado hoy, mañana lo estarás más. A menos que entres en el círculo inescrupuloso de especulación o crimen.

No se puede generalizar, pues quienes tienen cónyuge y/o hijos son casos que requieren mayores consideraciones. No obstante, si eres joven, ¡vete! ¿Te va a costar? ¡Claro! ¿Extrañarás tu cultura? Tal vez no. Eso depende de tu madurez y tu nivel de ciudadanía mundial. Si te encanta el caos, créeme que extrañarás mucho a Venezuela. A menos que migres a algún lugar del África Subsahariana.


  • Prepárate: aunque las tramitaciones son más civilizadas en otros países, no eres ciudadano de ese país, de modo que trata de apostillarte hasta el cerebro.
  • Mentalízate: el viaje será agotador. Lleva libros o algo con lo cual relajarte un poco. 
  • Será duro: vas a llorar de soledad, frustración o impotencia. El grado de migración venezolana es alto, de modo que podrás ser objeto de maltrato verbal o desprecio.
  • Pasarás "trabajo" buscando "trabajo": el dinero no se va a reproducir por sí solo, por favor, LUCHA con la TENTACIÓN de cobrar MENOS por tu TRABAJO. Esa es una de las razones de animosidad que enfrentan los migrantes: alteran el mercado laboral.
  • Respira hondo, sonríe: no te solucionará las cosas, pero te ayudará a no hundirte.
Joven, Venezuela está en una situación muy compleja y quedándote debes adaptarte a disfrutar del caos, la inseguridad y la escasez o: sufrir de otros factores en otro país. Mi experiencia laboral y lo que observo lo comprueban: si quieres desarrollarte de verdad, vete de Venezuela. Perdona la franqueza.



¿Cuál es la clave del éxito?

Presentación en Slideshare